
«Entonces el ángel, enviado por Dios, bajó a la tierra árida y muerta.
Derramó sus lágrimas de amor y compasión, y los ríos empezaron a fluir.
Con una vasija de plata y otra de oro, en cada mano, comenzó a llenarlas de agua. Derramaba el fluído de una vasija a otra, haciendo que el agua baile.
Y de esta danza se creó la vida, se purificó la tierra. Se filtraron las impurezas, el dolor, la oscuridad y la sangre envenenada. Todo fué hermoso.
El ángel dejaba que su largo y fértil cabello acaricie el agua, y éste comenzaba a brillar con fuerza.
Los cielos se volvieron celestes y brillantes, y ya nadie tuvo miedo.»
Es, sin duda, uno de mis arcanos favoritos. Artífice de cambios, todos tenemos el poder para mezclar las aguas y purificarnos.
Todos somos ángeles enviados de Dios, todos tenemos el poder para brillar y alejar la oscuridad.
Tenemos el poder de fluir y hacer fluir a nuestro alrededor. Incluso de limpiar nuestro propio veneno, de darle vida a nuestro propio desierto.
Es cierto que seguimos caminando, seguimos avanzando, es cierto también que siempre dejamos cosas atrás.
Constantemente nos estamos purificando, de gente, de situaciones, de actitudes.
No podemos intentar cambiar el curso de las aguas del mundo, cuando no somos capaces de compadecernos de nosotros mismos e intentar volar con nuestras propias alas.
Tenemos la fuerza suficiente, para amar y dejar ir, porque dejar ir es también un acto de amor.
Es saber que el otro tiene alas y debe usarlas, así como nosotros lo haremos en algún momento.
Incluso aunque lloremos un río, y sintamos que nadie escucha nuestros gritos de dolor o soledad, incluso aunque creamos que siempre va a ser asi de malo, siempre tenemos en nuestro poder dos vasijas, para mezclar el destino a nuestro favor.
Jamás pensemos que todo está escrito, somos nosotros la pluma de Dios, artífices de nuestro propio camino en esta tierra. Somos ángeles, siempre podemos volar.
Jamás estaremos solos, nunca lo estuvimos desde el inicio, siempre estuvieron ahí las personas que siempre quisimos, sólo que no siempre estamos predispuestos a verlo.
Creemos que es más seguro aferrarse a lo que tenemos al lado, por miedo a usar nuestras alas en busca de algo mejor.
Nos dejamos llevar por la corriente del mundo, olvidando nuestro propio fluir.
El mundo nos atropella con sus idas y vueltas, y entonces nos olvidamos de nuestras alas, y comenzamos a destrozar nuestros pies.
Todo el brillo desaparece, y las vasijas se añejan.
Éste es mi llamado al despertar, esta carta es nuestro llamado a ver más allá de lo que tenemos o perdimos.
Mi llamado para volar y avanzar, y darle paz a nuestras cansadas piernas.
Mezcla las aguas a tu antojo, son tuyas, es tu camino el que estás escribiendo en tu andar.
No te apenes si dejas seres queridos e importantes atrás, ellos te volverán a alcanzar cuando sea su momento.


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