El Pianista

La dulce melodía del pianista, quebrada por estruendos de truenos y olas de mar.
Y el piano comenzó a volverse oscuro, tan oscuro como la noche.
Aquel pianista de ojos negros, estaba leyendo mi corazón como un libro abierto.
O como un torbellino de hojas, conteniendo palabras sin sentido.
Simples garabatos, devorados por el mar.
Y el azabache de su hermoso piano, contrastaba con su blanca piel, blanca como la espuma de mar.
Su mirada dulce y perdida a la vez, no veía ni siquiera las teclas que sus dedos rozaban.
Sus ojos estaban pegados a mí, penetrantes, como si las melodías que su piano cantaba, me estuvieran describiendo.
Como el pintor que pinta mirando a su modelo, y jamás apartando la vista hacia el lienzo.
Me hacia el amor con pasión y frialdad al mismo tiempo, y mi cuerpo, paralizado, sólo podía esperar.

Impactada, hipnotizada por su belleza, sólo podía pensar en hacerlo mío.
Pero ese piano, ese maldito y hermoso piano, elevaba muros de furia entre nosotros.
Con tonos graves, con bravura y soltura, me decía que me aleje, aún no era mi momento.
El piano parecía una mujer celosa, alejando todo de él.
Entonces el joven pianista oscuro, cerró sus ojos y rozó las últimas teclas.
Mi cuerpo se desplomó con su último toque, y caí de rodillas al piso.
Mirándolo, en una mezcla de ternura y horror.
Bajó la tapa del piano, se levantó y caminó lentamente hacia mí.
Abrazó mi cuerpo congelado, y nuestros corazones comenzaron a cantar suavemente.

El mar se apaciguaba, y entre las gélidas y grises nubes, el Sol empujaba con fuerza.
Me aferré a su cuerpo, a su aroma, intentando recordar cada sensación, cada olor, cada latido.
Cerré mis ojos con fuerza mientras las lágrimas limpiaban mi cara.
Y la suave brisa me lo arrebató. Como lo había hecho siempre.

Tan sólo una dulce ilusión, de algo que existió tiempo atrás.
Ya ni recuerdos quedan, no hay fotos que contemplar, momentos que llorar,
Sólo me quedan tus sensaciones en mi piel y en mis sentidos.
Y tu maldito piano, que incluso en tu ausencia, sigue tocando tempestades.

Deja un comentario