Void

Y por donde sus pasos acudían, la oscuridad florecía desde los rincones más iluminados.
No era cuestión de ausencia de luz, no.
La oscuridad cobraba forma y vida propia a su paso.
La bella dama blanca, vestida de negro, con diamantes y seda azabache adornando su ser.
La oscuridad cobraba vida, se torcía en formas espectrales, encadenadas por diamantes, a su muñeca.
Carcelera de espectros que dormían en las penumbras, devorando las almas de los perdidos.

De ojos negros y labios a tono.
Mientras más escalas astrales bajaba a su voluntad, más horrores la rodeaban. Eran centinelas de los confines del mundo.
Criaturas creadas por la voluntad del Vacío, y fuera de la mano de Dios.
¿Encargadas de qué? Nadie lo sabe.

Pero todo existía para mantener un cierto equilibrio, incluso en las formas de energía más aterradoras.
Aterrando a humanos e hijos de Lucifer por igual.
La dama bailaba con sus mascotas de horror y pánico, ancladas a sus muñecas.
Y cuando las cadenas se soltaban, el terror se liberaba,
Y a sus anchas, los espectros devoraban todo a su paso, volviendo la carne cenizas.
Pero entonces, todo terminaba.

La luz volvía a tomar fuerza, porque era necesario que así fuera.
Las cadenas de diamantes volvían a convertirse en los brazaletes de la dama.
Los espectros volvían a las sombras,
Los demonios se alejaban, los humanos dejaban de temer.
Y la dama, volvía a tener sus ojos grises, sus labios rubí, y los sonidos volvían a escucharse.
La vida sólo se había congelado unos instantes, para abrir paso al caos primigenio.

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